CAB. WO OCT 15

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El Listòn Amarillo

el liston amarillo

 

 

Tras la ventanilla empañada del autobús se podía distinguir la cara de aquel hombre envejecido, vestido con un traje sencillo, sin moverse y con el rostro escondido como intentando enmascarar su edad. Venia ya cansado por las tantas horas del viaje pero aguantaba despierto ya que la pequeña mochila no le permitía acomodarse. En una de las estaciones abordaron tres jóvenes acompañados de una hermosa muchacha de tez clara y cabellos oscuros. Se ubicaron detrás del hombre, curiosos por su vida… Fueron parte del muy largo viaje tratando de imaginar su situación de vida. ¿Acaso era el capitán de un barco? ¿Un fugitivo de su mujer? ¿O un viejo soldado que volvía a su casa?… Al detenerse el transporte en un pequeño lugar de comidas ubicado en un pequeño pueblo, los chicos bajaron.

Al volver al autobús se sentaron al lado del hombre y la chica intento hilar una conversación al continuar con el viaje: -Estamos Yendo a Florida -Dijo ella.- Me han dicho que es hermoso allí en esta época del año. -Lo es, -Respondió en voz baja, como si recordara algo que pudo haber tratado de olvidar.

-¿Quieres un poco de agua?

–Dijo la muchacha ofreciendo una botella recientemente comprada, el hombre asintió con la cabeza levemente y bebió el líquido fresco y agradable. Después de un rato la chica no supo que mas decir, por lo que tomó la botella y se volvió a su lugar, con los demás que la acompañaban, el hombre –sintiéndose ya mas tranquilo y dejando la mochila en el asiento contiguo- se fundió en un profundo y relajante sueño nocturno. Por la mañana se despertaron parados afuera de un café, la misma chica insistió a sus amigos en que se reúna con él, parecía muy tímido por lo que la joven ordenó cinco vasos de café. Cuando regresaron al autobús, la chica se sentó con el hombre una vez más, y después de un breve periodo de tiempo, lenta y dolorosamente, el hombre cedió a contar su historia. Él había estado en la cárcel en Nueva York durante los últimos cuatro años, y ahora iba de regreso a casa.

-¿Estás casado? –Preguntó la chica-

-No estoy seguro. –Respondió con la cabeza baja-

-¿Usted no sabe? –

Bueno, Le escribí a mi esposa cuando estaba en prisión. Le dije que iba a estar lejos de ella mucho tiempo, y que si ella no podía soportarlo, si los niños hacían preguntas, si le dolía demasiado mi ausencia, bueno, ella podría simplemente olvidarme, que yo lo entendería. Ella debía buscar a otro y reconstruir su vida. Es una señora maravillosa, le dije que no tenía la obligación de escribirme y no lo hizo. No por tres años y medio. –

¿Y vuelves a tu casa, ahora… sin saber nada?

-Sí, -Dijo tímidamente.

– Bueno, la semana pasada, cuando estaba seguro de que me darían libertad condicional, le escribí de nuevo. Vivíamos en Brunswick, justo antes de Jacksonville. Hay un gran Roble justo antes de entrar a la ciudad. Le dije que si ella me quería de vuelta, debía atar un listón amarillo alrededor del viejo roble, si yo veía el listón entonces me bajaría del autobús y volvería a casa. Pero si no ella no me quería de vuelta en casa, si no hubiera un listón en aquel árbol, si ella me hubiera olvidado… entonces tendría que seguir adelante. Ella le dijo a los otros, y pronto todos ellos estaban con él, atrapados en el enfoque de Brunswick, mirando las fotos que el hombre mostraba a ellos de su esposa y tres hijos. La mujer, bonita de una manera sencilla y los niños todavía pequeños. Ahora estaban a 30 kilómetros de Brunswick, y los jóvenes se hicieron cargo de la ventana de asientos del lado derecho, a la espera de la llegada del gran roble.

El autobús adquirió una silenciosa oscuridad, lleno del silencio de la ausencia y la pérdida de años. El hombre dejo de mirar, pidió al grupo de chicos que por favor mirasen por él, justificándolo con que no podría soportar ver aquel árbol vacío, apretó fuertemente el asiento con su mano, intentando enfrentar su mascara de ex convicto. Entonces Brunswick ya quedaba a 15 kilómetros, y luego solo a cinco… Entonces, de repente, todos los jóvenes estaban parados en el autobús, gritando y llorando, haciendo pequeñas danzas de alegría. Todos excepto el hombre.

Él estaba allí aturdido, mirando el árbol de roble que estaba cubierto con pañuelos amarillos, veinte, treinta de ellos, probablemente cientos, un árbol disfrazado como bandera de bienvenida, con telas amarillas ondeando en el viento. El ex convicto se levantó de su asiento y se encaminó hacia el frente del autobús para ir a casa.

DE  EL PERIDOSTA  PÉTER HAMILL  PARA EL TIMES 1971

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Oracion para los amigos

Buenos y bendecidos dias tengan todos , que esten muy , muy bien .

Apapachos por monto .

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